« Ante la opción de hacer cambios o probar que no hay necesidad de ello, casi todo el mundo pone su esfuerzo en la prueba. »

(John K. Galbraith).

Sí, me doy cuenta de que tu ya sabes que es mejor resolver la causa que los efectos de una situación que se considera desfavorable. Bueno, pues casi nadie más lo hace…

Si un niño se pone muy pesado verás que los padres intentan que se calle,  quizá ofreciendo algún pequeño soborno para conseguir que deje de dar la tabarra. Si hay un incendio verás que se hace todo el esfuerzo para apagarlo y no se puede decir que se haga demasiado para evitar que el fuego se repita: Después de todo, lo quemado ya va a tardar unos años en volver a quemarse. 

Si hay una inundación, ojalá que no haya víctimas. Lo que toca es limpiar el barro y restablecer la normalidad, incluyendo ayudas a los afectados. Si alguien se pone “loco” ( palabra que ha entrado en el inglés) reivindicando su nuevo derecho a lo que nunca ha tenido, lo que se hace es intentar apaciguarlo, dándole lo que se pueda. 

Si hay una crisis financiera en la que miles de empresas tienen que cerrar, se intenta, con mayor o menor largueza, que los parados reciban algo para llevarse a la boca durante un tiempo y no se mueran de hambre aunque haya que alargar la prestación. 

Quizá el estado actual de la evolución humana tiene un fortísimo sesgo hacia la mitigación de los efectos y poca inclinación hacia la actuación sobre las causas de los problemas. Mira por ejemplo lo que se hace con la inmigración sin papeles. Los que vienen dejan atrás muchos millones de personas que, de no encontrar en su país las condiciones mínimas de supervivencia, se verán precisados a seguirles.

Quizá es que los efectos reclaman una acción urgente mientras que la acción sobre las causas puede ser más compleja y de resultado incierto a largo plazo. Pero no atender a las causas lleva consigo el riesgo de que vuelvan a reproducirse los incendios o las riadas, además de que puede que se equivoque uno en los efectos. Por ejemplo, el subsidio de paro sin más, ayuda en lo económico pero no aumenta la autoestima que produce el trabajo, ni avanza en la realización personal, no recupera la experiencia profesional y debilita la ética del trabajo.

La ayuda económica es un gran adelanto, un salvavidas, pero el pueblo prefiere poder ganarse la vida trabajando como lo hacen en los países más avanzados. Esto es también lo que dicen los emigrantes ilegales cuando se les pregunta por qué han venido, a riesgo de su vida.

Cuando la situación es muy grave, el pueblo pide que se intenten soluciones atrevidas y que si éstas no funcionan, se intenten otras.

Published by leondeadrian

Grateful4Life Passionate for business, economic policies to create jobs, and mountains. It feels great to create more and better life for all.

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